Inicia con un mapa de dominios funcionales y un catálogo de contratos de datos, incluyendo linaje, calidad, propietarios y obligaciones regulatorias. Distingue registros maestros, eventos críticos y datos sensibles. Señala duplicidades, discrepancias semánticas y puntos de reconciliación. Este inventario fundamenta decisiones sobre federación, replicación y limpieza, además de orientar controles de acceso y monitoreo continuo.
Unifica la exposición mediante un gateway que gestione autenticación, cuotas, observabilidad y versiones. Define presupuestos de latencia por caso de uso: onboarding, autorización de pago, scoring y conciliaciones. Establece patrones de idempotencia, circuit breakers y colas de compensación. Cuando la convergencia total no sea inmediata, prioriza adaptadores bien documentados y SLAs diferenciados por criticidad.
Durante la unión, la superficie de ataque crece. Fortalece el manejo de secretos, rotación de credenciales y segregación de entornos. Implementa escaneo continuo de dependencias, pruebas de penetración colaborativas y detección de anomalías basada en comportamiento. Alinea políticas de cifrado en tránsito y reposo, y acuerda respuestas a incidentes con tablas de decisión claras y tiempos comprometidos.